N.º 01 · 24.06.26 · 2 min de lectura
Una nueva y refrescante derecha
La victoria de Abelardo de la Espriella no fue la contundente que esperaba la derecha: el ascenso de Cepeda dejó ver su fragilidad. Sin ideas arraigadas y dependiente del carisma de sus líderes, la derecha colombiana necesita difundir sus valores para dejar de pender de un hilo.
La victoria de Abelardo de la Espriella no fue tan aplastante como muchos habríamos querido. La derecha resistió los espadazos y los infundios de la izquierda, pero no salió ilesa: el vertiginoso ascenso de Cepeda en la segunda vuelta desafió las estimaciones de analistas y encuestadoras. Se han ofrecido distintas hipótesis sobre cómo un candidato que parecía ahogado logró superar la muerte y por poco anclarse en la Casa de Nariño. Entre todas hay una tan silenciosa como preocupante: la derecha colombiana pende de un hilo, porque sus ideas están más apuntaladas por el carisma de sus voceros que arraigadas en el imaginario de los votantes.

El caminante sobre el mar de nubes · Caspar David Friedrich, 1818
La izquierda ha sabido conjurar ese riesgo con mayor ingenio. Aunque Gustavo Petro se haya convertido en una figura mesiánica, la mayoría de sus votantes interioriza la ideología como un dogma: la incesante lucha de clases, el desprecio por los privilegios y el inagotable reproche al capitalismo. Si mañana Petro fuera abducido por los extraterrestres, la izquierda no entraría en crisis: seguiría revolcándose en los mismos ideales y pronto otro líder izaría sus banderas (como Cepeda). En la derecha ocurriría lo contrario: sin Álvaro Uribe Vélez, el Centro Democrático se fragmentaría en mil pedazos y buena parte de sus votantes quedaría huérfana.
Quizás de ahí venga el afán de algunos (y pronto de muchos) por encontrarle un heredero al expresidente. Están equivocados. Mientras se conciba la derecha como una dinastía de personajes bacanos, la izquierda seguirá rebosante de políticos que se adueñan del discurso desde el Congreso. Si la derecha quiere permanecer en el arca del poder y no comerse las uñas cada cuatro años, debe empeñarse en difundir masivamente sus ideas, hasta que el colombiano de a pie reconozca a Thomas Sowell como hoy reconoce a Marx. Las redes sociales son un buen punto de partida, pero no bastan si sus partidarios no las defienden en el mundo terrenal: en el trabajo, en la universidad o en el comedor de su casa.
Creo firmemente que una derecha nacionalista y respetuosa de las libertades, técnica, culta, fraterna con el empresario e implacable frente a la criminalidad es la derecha refrescante que Colombia necesita. Esperemos que Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo se dediquen a sembrar nuevos cardúmenes, o acabarán con los pocos peces que quedan en el río.